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Los primeros
indicios de presencia humana en los territorios que hoy en día
ocupa el término municipal de Manacor se remontan a la época
pretalayótica (2000-1200 a.C.), aunque la llegada del hombre a
Mallorca se sitúa en el quinto milenio a.C., aproximadamente. De
este período destacan las cuevas artificiales como lugar de
enterramiento (cova de s’Homonet en Son Ribot, Mitjà
de ses Beies en Sa Sínia Nova, etc.), y las navetes,
construcciones aisladas o agrupadas en poblados, utilizadas como
habitáculos (sa Marineta, s’Hospitalet Vell, etc.)
Sobre el año 1400 a.C., ya sea por evolución interna de la
sociedad pretalayótica o por la llegada de nuevas poblaciones
originarias del Mediterráneo Oriental, se produjo un cambio
estructural en la prehistoria mallorquina y nació la cultura talayótica,
caracterizada por su arquitectura. En este periodo surgen los
talayots, grandes torres construidas a base de enormes piedras, de
los cuales hay grandes vestigios por todo el término. Los poblados
talayóticos más destacado son los de s´Hospitalet Vell, es
Boc i Bellver, así como las construcciones de Bendrís, Son
Sureda y Sa Gruta, entre otras.
La presencia griega
en el Mediterráneo Occidental y la fundación de Ebusus en
el año 654 a.C. como colonia Púnica trajeron consigo grandes
cambios para la población talayótica, a partir de entonces inmersa
en el llamado “mundo de las colonizaciones”. Los contactos con
las culturas clásicas introdujeron nuevas formas de vida así como
creencias.
En el año 123
a.C., Quintus Caecilius Metellus conquistó Mallorca, empezando un
irreversible proceso de romanización. Son numerosos los objetos
romanos encontrados en el fondo marino de Porto Cristo, aunque la
mayor abundancia de datos correspondientes al Bajo Imperio se
encuentra en Manacor. Las basílicas de sa Carrotja y de Son
Peretó evidencian la existencia de comunidades cristianas bien
consolidadas.
Durante los siglos
VIII y IX, las principales potencias mediterráneas, Bizancio, el
Islam y el reino Carolingio, parecen haberse olvidado de las Islas
Baleares, efectuándose sólo alguna que otra incursión islámica
contra las islas, las cuales terminan en el año 902 con la rendición
catalana al Emirato de Córdoba.
Las diferentes
etapas islámicas se prolongaron hasta el 1229, año de la conquista
catalana de Mallorca. El mundo islámico en Manacor se plasma en las
comunidades campesinas de entonces, dispersas en alquerías y
rafals. De esta época se han encontrado solamente fragmentos
de cerámica, y también se conservan algunos topónimos que podrían
tener un origen árabe o bereber.
El origen de la
ciudad de Manacor se remonta a épocas anteriores a la dominación
islámica, como lo demuestran los restos encontrados en los
alrededores de la iglesia parroquial actual.
Ya en el año 1300,
Jaume II concedió el estatuto de villa a Manacor, que
contaba en esos momentos con una población de cierta relevancia y
con una parroquia datada en el año 1236, cuya existencia queda
probada en los distintos documentos encontrados. De los inicios
urbanísticos se han conservado la Torre del Palau y la
fortificación de algunas casas rurales como la Torre de ses
Puntes y la Torre dels Enagistes. De la época medieval
hay que considerar el papel relevante de Manacor en los conflictos
sociales con el protagonismo de un personaje destacado, Simó
Tort.
En cuanto a la
evolución urbana y social, los hechos más notables fueron la
fundación del convento de Sant Vicenç Ferrer por la Orden
de los Predicadores en el año 1576, iniciándose, al mismo tiempo,
la construcción de la iglesia barroca y el nacimiento de la
barriada de Fartàritx, donde se concentran los molinos de
viento que marcan la fisionomía de esta zona de la ciudad. A
principios del siglo siguiente, la mencionada orden comenzó el
claustro. Con la desamortización del año 1835, los bienes de la
orden pasaron a manos del estado, destinándose las dependencias del
claustro a servicios municipales y a juzgado.
Hasta el siglo XIX
la economía de Manacor se basaba en la agricultura, cultivos de
cereales, viña y ganado ovino, aunque también los sectores del
textil, de la alimentación y de la alfarería tenían cierta
importancia.
El siglo XIX marcó el inicio de la transformación que convirtió a
Manacor en lo que es hoy. Aumentan las actividades industriales
dedicadas a la elaboración de productos agrícolas, apareciendo los
molinos de viento y una fábrica de aguardiente. Desde la segunda
mitad del siglo, la fabricación de muebles fue una de las bases de
la economía, continuando también las alfarerías y la elaboración
de licores y vinos.
En 1879 se inauguró
la línea de ferrocarril Inca - Manacor y en 1902 se fundó la
primera fábrica de perlas artificiales, convirtiéndose con ello en
el centro comercial e industrial del levante mallorquín. Desde
1912, Manacor posee el título de ciudad.
El desarrollo de la
actividad económica modificó no sólo las costumbres de la ciudad,
sino también originó un fuerte impacto urbanístico, iniciado a
finales del siglo pasado con la construcción de la nueva iglesia
parroquial Nostra Senyora dels Dolors, ubicada sobre los
cimientos de las iglesias anteriores, de las cuales la más antigua
está documentada en el año 1232 y posiblemente erigida sobre una
mezquita árabe (hallazgo de una inscripción funeraria expuesta en
el Museo Diocesano de Palma). El campanario, su elemento más emblemático,
se encuentra hoy en obras. También se edificaron algunos de los
caserones de las calles Nou, Major, Pius XII, Bosch,
etc. Al mismo tiempo, se expandieron y consolidaron las barriadas
históricas de Fartàritx y es Barracar y se crearon
nuevas urbanizaciones alrededor de la estación del ferrocarril y de
na Camel·la. En los años 60 se le suma el turismo con la
consiguiente construcción de hoteles y de urbanizaciones. En la
actualidad, el crecimiento urbanístico más destacado se concentra
en las nuevas áreas de los centros escolares y en los ensanches de
los paseos del Port, de Fartàritx y del Ferrocarril.
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